*Pasé por un bosque y dije:
Y me respondió «aquí está»
y sentí como un temblor,
al ver que la voz salía
de mi propio corazón.
*Yo no sé lo que tengo,
*Mirando al cielo juraste
*Tu aliento es mi única vida,
*En sueños te contemplaba
Todo comenzó a brillar,
y entonces te llamé yo:
cerraste al punto los ojos,
y la oscuridad volvió.
*Cuando el frío de la muerte
Y cuando estés a mi lado
me dirás lo que ya sabes...,
y así se concluirán
de una vez todos mis males.
*Me desperté a media noche,
*Las pestañas de tus ojos
*A la luz de las estrellas
*Allá arriba el sol brillante,
Allá lo que nunca acaba,
aquí lo que al fin termina;
¡y el hombre atado aquí abajo
mirando siempre hacia arriba!
*Los que quedan en el puerto
Y los que van en la nave
dicen, mirando hacia atrás:
¡Quién sabe, cuando volvamos,
si se habrán marchado ya!
*Los besos y los suspiros,
*Desde la mañana
*¡Qué a gusto sería
Y mientras la noche
reinara en silencio,
toda la noche tu sombra estaría
pegada a tu cuerpo.
Y cuando la muerte
llegara a vencerlo,
sólo una sombra por siempre serían
tu sombra y tu cuerpo.
*Los cantares que yo escribo
*Eres de tierra y no más;
*Las golondrinas ya vuelven,
*Cerca de la muerte, quiero
Harto sé, pues te conozco,
que no has de venir jamás...;
pero al morirme, yo quiero
figurarme que vendrás.
*La flor que me diste en tiempo
Y este rizo que tu mano
cortó con amante afán,
lo arrojo al fuego, y el fuego
cenizas lo vuelve ya.
Y tus continuas promesas
de eterna fidelidad,
las doy al viento que pasa
y se las lleva fugaz.
Pero el recuerdo angustioso,
¡ay!, de tu engaño, por más
que se lo entrego a la tierra,
ella otra vez me lo da...
Viento y fuego y mar se duelen
compasivos de mi mal,
y solamente la tierra
de mí no tiene piedad.
*Mientras dura este vivir,
Pienso en esto sin cesar
al ver que siempre deseo
lo que nunca he de alcanzar.
*Quiero seguir los consejos
Vuestro soy hasta que muera...
pero, como última gracia,
dejadme otra vez querer,
otra vez no más, y basta.
*No te enorgullezcas tanto,
*De caminar ya rendido
Era un camino penoso,
tanto, que yo no podía
seguir caminando solo.
Allí, triste y en silencio,
vi llegar la oscura noche
que despierta los recuerdos.
Larga noche, en que mi alma,
mientras el cuerpo dormía,
con sus recuerdos velaba...
Pasó la noche, y pasaron
otros días y otras noches,
porque el camino era largo.
Y caminé hasta que un día
durmióse el cuerpo..., ¡y aún
duerme
mientras el alma vigila!
(Obras Completas, 1893. Texto: José P. Díaz)